viernes, 11 de septiembre de 2009

Matar a caperucita


Dos mil nueve según el calendario occidental, en otras culturas seguramente será otro el año; pero eso no importa, porque lo cierto es que el glorioso ingenio de los hombres de ciencia nos ha llevado a la “evolución”: Los anticonceptivos orales, las pastillas, han parido a la pan pastilla…ahora sí, las mujeres por fin hemos de ser libres del esperpento de la menstruación.

Porque claro está, ese flagelo que perturba la vida de la mujer moderna debe ser controlado; porque si no es para la concepción de un hijo, el aparato reproductivo femenino no es más que un adminículo innecesario. Y por favor, no olvidemos todos los trastornos que ocasiona…esa hipersensibilidad, los sentimientos a flor de piel, ese recurrente malhumor…nada, absolutamente nada tiene de bueno…Esas cosas de mujeres… ¿Quién las necesita si cada vez somos más como los hombres?

Y aquí estamos, tan modernas, tan liberales, tan competitivas, tan frías y calculadoras…tan…tan como todo aquello que se ha criticado tanto del hombre. Somos mujerhombre, casi hombres que no llegan a serlo, claro está porque nos falta el falo (diría Sigmund que eso nos acompleja ¿no?). Ese falo…ese, que sigue reinando a su antojo más allá de que hemos conseguido ciertos avances, seguimos acomodándonos a sus propios deseos, propósitos y caprichos. Seguimos sin escuchar a nuestros sentidos, desentendiendo nuestra espiritualidad y nuestra intuición y todo aquello que pasa desapercibido para la razón.

Ni la medicina, ni la ciencia y por supuesto la religión nos han valorado como merecemos. Como siempre en la historia los que ganan cuentan el cuento y el resto se silencian. Sin embargo hubo una época de sociedades matriarcales dónde la mujer, su cuerpo, su menstruación y el milagro de dar a luz eran venerados. La vida era mucho más armónica porque se vivía en equilibrio con la tierra, con los animales y la naturaleza…Pero claro, eso fue hace unos 5000 años y lo que se impuso después…ya lo conocemos: destrucción del medio ambiente , supravalorización de la guerra y la tecnología, desestimación y discriminación del ser femenino y la naturaleza.

Pero como podemos pedirle al hombre que nos valore, cuando somos nosotras mismas las que no nos valoramos. ¿Cual es el lugar que ocupa en la mujer hoy la naturaleza? Porque ser naturales no pasa por consumir los yogurcitos verdes y violetas, por tomar aguas finamente gasificadas o delicadamente saborizadas y otras tantas cosas…claro, para vender lo natural es bueno, pero para el resto pareciera que no.

La conexión con la tierra, con las plantas y con la luna brillan por su ausencia. Si, la conexión con el entorno natural nos afecta, porque no somos el eje del universo, sino un elemento pequeñito de la gran telaraña del equilibro del mundo. Somos parte del reino animal en un planeta que nadie nos dijo que debíamos reinar; pero nos tomamos las atribuciones prestadas…y por supuesto el que reina es el macho (que tampoco nadie eligió excepto él mismo y los cuentos que contó después) y la mujer parece que solo contempla y asiente.

Claro que no me gusta el mundo tal cual es y lo que escribo seguramente afectará las susceptibilidades masculinas; pero esto es cuestión de dos, si los hombres lo hicieron es porque hubo mujeres que lo avalaron por acción u omisión.

Tener la creencia de que la menstruación es sólo un mal que nos afecta todos los meses, es considerar al cuerpo femenino eternamente enfermo. Hacer caso omiso al equilibrio natural de nuestros órganos femeninos omitiendo que el libre funcionamiento de los estrógenos y la progesterona tienen incidencia en la tensión de la piel, la estabilidad y fortaleza de los huesos, protección contra la arteriosclerosis, control del colesterol y tantos otros beneficios que la ciencia de a poco va certificando. No obstante, lo que el cuerpo produce por sí solo parece que es “mejor” consumirlo sintéticamente mediante la pastillita. No discuto que los dolores del período en algunas mujeres son muy fuertes, no escapo a eso, pero también es cierto que la alimentación y el estrés son muchas veces los responsables de acrecentarlos. También hay que vencer el tabú de hablar sobre eso y reconocer que es un tiempo especial, propio y tan intimo que nos puede conectar con nuestro interior y los elementos del ecosistema (si le damos el espacio)

No quiero pasar por alto el hecho no menos importante de lo irracional que me parece, que siendo el hombre siempre fértil (produce espermatozoides constantemente) y la mujer solo en un pequeño intervalo, seamos nosotras las que nos debamos intoxicar y ser esclavas de los laboratorios de por vida (mientras seamos fértiles). Y si los órganos femeninos solo cumpliesen la función de procrear y por eso se debieran suprimir (o inhabilitar) y eso pareciera lógico; mientras que a nadie se le ocurriría cortar la mano izquierda porque es diestro y no la usa mucho; a nadie se le ocurriría inhibir la eyaculación del hombre…que con el mismo criterio obtuso, se supone que su función es únicamente para fertilizar a la mujer… ¿De qué mundo loco estaríamos hablando? Bueno, según creo, el actual no está demasiado lejos de ser tan absurdo e inhumano.

Entonces, si somos nosotras las que no nos conocemos, las que no aceptamos nuestro cuerpo y reverenciamos las siliconas y el bisturí; si nuestro modelo de modernidad son cuatro personajes patéticos de ficción que tienen vidas vacías que intentan llenar con consumismo frenético y relaciones insípidas a la par que “sufren” por el tipo que no tienen. Si nos quejamos por ser tratadas como mujeres objeto y por eso sentimos que debemos tratarlos a ellos como objetos. Si dejamos los sentimientos, la compasión, el amor, y si reducimos nuestra inteligencia en este triste proyecto de sentirnos a la par del hombre…Si el dar a luz lo delegamos en una operación innecesaria, existiendo la posibilidad del parto natural y la crianza es un suceso de diferentes traslados de los chicos, a modo de depósito (de guarderías de bebés a niñeras, colonias de vacaciones y cuanta cosa se pueda “encontrar” ) para que no perturben nuestra vida moderna (por supuesto el padre no queda liberado de responsabilidad en esto) ¿Dónde vamos a terminar?. Porque salimos de la confinación de los hogares… ¿Pero a dónde? ¿Acaso no seguimos siendo las que se ocupan solo de ciertas cosas, las que ganan menos que los hombres por el mismo trabajo? ¿Acaso no seguimos admitiendo que nos conviertan es estereotipos de histéricas, consumistas, huecas, o sin valor para opinar?

No necesitamos igualarnos con nadie, porque somos lo suficientemente valiosas por nosotras mismas, solamente debemos tomar real conciencia de ello. Amarnos, saber de nosotras mismas, para que el otro pueda amarnos y conocernos.

Tomar conciencia es mucho más abarcativo que tomar un comprimido. Píldora que por cierto comenzó en los 60 (y en principio su fin era tratar los dolores menstruales), de la cuál siempre sale una “mejor”, lo que deviene en el hecho de que nuestros cuerpos son continuos sitios de experimentos; que por cierto siguen siendo altos los riesgos de cáncer de cerviz, mamas, útero, endometrio, tumores en el hígado y complicaciones cardiovasculares y otras tantas relaciones que se investigan (de esto no hay una palabra definitiva al respecto, ni en contra ni a favor). Pero supongamos que manipular las hormonas no se relacione con ningún cáncer, concedamos la duda. No obstante la pastilla no nos protege de: HIV, Virus del papiloma humano, la hepatitis, la sífilis y otras tantas, no menos simpáticas a las cuales quedamos indefensas. Cada una elige, pero en lo personal el preservativo sigue siendo la mejor opción, al menos es una barrera de defensa (a pesar de ser falible).

La conciencia es algo que debería ser de a dos, pero al menos, que parta de la mujer, que siempre es la que paga los platos rotos; que en el caso más benévolo no se contagia una enfermedad pero trae gente al mundo que no es esperada. Y en esto, si bien podemos echar culpas a la ignorancia (ignorancia a secas e ignorancia sexual), hay mucho que es irresponsabilidad. De otro modo, como entender que de una encuesta realizada en la Universidad Nacional de la Plata el 52% de las consultadas aseguro haber tomado la pastilla después de haber mantenido relaciones sin cuidarse, estando informadas por lo menos del SIDA (cito esta universidad, porque es de la que conozco un estudio al respecto; pero no por eso creo que en el resto de las casas de estudio, públicas y privadas haya resultados demasiado diferentes). Si eso es cuidarnos a nosotras mismas…

Por otro lado hay un sistema que avala todo esto, porque existe un médico que ante la consulta de cómo cuidarse mejor, lo primero que desenfundan es el último lanzamiento del laboratorio para el que trabaja el visitador médico que cayó más en gracia…por cierto, para todas parece que sirve el mismo tipo de pastilla, de la cual “casualmente” es el mismo logo el que aparece en el calendario del profesional y hasta en la mismísima lapicera con la cuál nos hacen la receta.( Por suerte también están los que son más humanos y te plantean las cosas, dejando la elección a criterio personal...Claro está en el caso en que se decida consultar a un ginecólogo, pero muchas veces es más practico pedir en las farmacias por recomendación de alguien). Más arriba están los laboratorios y su negocio en dónde no importa el qué ni el quién, sino cuántos millones rinde.

La medicina dista mucho de ser perfecta, porque no trata a las personas como un todo interconectado, es intrusiva y muy pocas veces se preocupa por las razones y solo presta atención a las evidencias. Tiene mucho que aprender, cosas que modificar, valores que debe incorporar…Pero no debemos olvidar que la medicina también la hacen las personas y hay algunos que son más humanos que otros. Tampoco hay que negar, que a pesar de no ser de lo más agradable hay ciertas herramientas preventivas que han salvado y salvan muchas vidas todos los días… Porque la cosa no se trata de “inmolar” a los médicos, sino de evolucionar en un sentido positivo para todos.

Obviamente traer decenas de hijos al mundo de forma poco responsable (porque Dios los manda y vienen con un pan bajo el brazo) no es lo ideal pero si a eso se lo rebate con educación y conciencia de nosotros mismos es muy probable que tengamos un mundo un poquito mejor. La libertad de disfrutar nuestro cuerpo y nuestra sexualidad está en nuestra mente y nuestra alma, en el amor primero en nuestro ser y después en el del otro y sobre todo las ganas de lograr el equilibrio y el respeto entre los sexos…Empezar a vivir en comunión con la naturaleza para dejar de ser los enemigos del planeta y de nuestra propia existencia.

PD: Este escrito me surgió luego de leer una nota en uno de los diarios de mayor circulación. Lo que genero en mí fue rechazo y me lanzó a buscar más información sobre el tema. No intento juzgar a nadie, creo que si se cuenta con la información de los métodos y los riesgos de enfermedades cada cual utilizará su criterio y en definitiva hará lo que más le venga en gana.

Este es mi criterio, que parte de mi propia experiencia, de charlas con médicos, de lecturas, tanto a favor como en contra…esta es mi forma de pensar, la que no intento imponerle a nadie, como tampoco pretendo ofender a quienes piensen diferente.

Los datos, la información, está al alcance, sólo hay que buscar. En páginas de organizaciones de salud y otras van a encontrar tanto datos en contra como a favor, también se puede profundizar en libros y demás…Cada uno elige que hacer y que no.

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