viernes, 30 de agosto de 2013

Cuando escribe otro.

Hola si, que tal acá estoy después de mucho tiempo. A veces tengo esta cosa de no dejar libre mi ser y preocuparme por lo que debo hacer y no por lo que quiero.
Y volví, como siempre, por la necesidad de sacar algo de adentro mío y de encontrarme con esa Otra, la que escribe, la que es lo que yo siempre quiero ser. No sé si será por esta cosa de la poca memoria pero cuando me vuelvo a releer siempre me parece que esas palabras no las escribí yo, pero me definen y me identifican. Tal vez sea un caso para algún diván  o una versión tercermundista de mr Jekyll y mr Hyde.
Hoy descubrí  que es cierto que las cosas cambian, que aunque en uno siga viva la llama de la infancia y anhele ser Peter Pan por temor a lo desconocido, tarde o temprano se crece. Y eso, no es necesariamente malo. Y lo deduje hoy, después de una mañana de imprevistos y una charla con el departamento de cobranzas de mi banco amigo; sin necesidad de un viaje a la montaña o a un Ashram en la India.
Me alegra saber que por suerte hoy pienso diferente. Que mis ejes en la vida pasan por otro lado que no tienen que ver con el esquema material y los brillos sociales. Que por suerte no me escondo más detrás de una ropa de marca, ni me desespero por tener un trabajo que diga lo que soy a otros o un título que me defina como persona.

Estoy libre de ese peso que cargaba de llegar a Ser. De correr la carrera con el reloj y con el resto del mundo, de demostrar que “ahora sí soy alguien”. Deje de correr porque ya tenía las piernas cansadas y el alma sangraba pena, porque en la inmensidad no encontraba lugar. Y al final era más fácil.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Mi según (Yo)

De adolescente siempre creía que el mejor estado que uno podía tener por un día  era el de ser sólo un alma vagando por ahí, escuchando, mirando y viajando por todas partes. Un alma libre que pudiese tomar una fotografía panorámica de todo y no la fotografía de bolsillo que uno suele tener de las cosas.

Siempre quise saber de todo, porque en el conocimiento siempre sentí seguridad y poder. En realidad, no era verdadero conocimiento sino acumulación de saberes. Conocimiento y pensamientos de otras personas que se repiten para ostentar que uno sabe y "puede hablar". Porque de qué sirven esos saberes sino son para hacer alarde en una conversación; y claro, mi peor pesadilla era quedarme sin tema de conversación.

Crecí como parte de la típica clase media en la que estudiar era ser Alguien. Nunca me exigieron destacarme, pero supongo que la adulación por los logros fue desde el comienzo miel para mis oídos. Así desde mi primer maestra de grado en adelante busque la preciada recompensa al ego por mi "brillantez".

Creo que no fue hasta llegar a la facultad, al borde de terminar mi primer carrera, cuando me di cuenta de que no sabia nada. Por primera vez entendí el significado profundo de Sócrates y el "sólo sé que no sé nada". Años de acumulación de libros, textos y "palabras importantes" que repetía como loro. No de memoria, porque la memoria nunca fue lo mío (y parece que no va a serlo nunca) A tal punto llegaba mi no-conocimiento que tampoco tenía claro para qué servía lo que estaba estudiando.

Cuando te das cuenta del absurdo, no quedan muchas opciones más que seguir el ridículo como sino pasara nada o empezar de nuevo.  Y empece otra vez, desde abajo, bien abajo; tanto que en el medio me perdí de mí misma y no me encontraba.

Y acá estoy, soy ALGUIEN que siempre le gusto escribir pero que hace años no lo hacia. Soy Yo y mis miedos -aparentemente- irremediables: Soy sensible pero siempre tengo miedo de que la gente se entere de "mi debilidad" y me pongo un traje de superada. Creo en el amor ideal pero tengo miedo de encontrarlo y no poder manejarlo y sentirme vulnerable. Soy tímida, siempre tuve miedo de conocer a otros, de hablar con extraños y sin embargo todos me creen extrovertida y durante años trabaje en ventas, obligándome a vencer mi propia resistencia y no ser lo que soy. También tengo miedo del éxito, de la popularidad y de las envidias, de conseguir lo que quiero y no saber qué más querer, el no llegar a las metas por miedo a no saber poner otras.

De este Alguien que soy, hay muchas cosas que sé que quiero cambiar, pero otras me gustan como son y a veces tengo la loca teoría de que es el mundo el que debería cambiar y no yo. Y de eso parte la idea de cambiar al mundo. Y si, un poco loca estoy, pero la verdad que tengo ganas de no sentir que soy una boluda porque me siento mal porque una persona que apenas conocí se muere de cáncer; que esta bueno ayudar sin pedir nada a cambio pero que estaría bueno que los demás también te ayuden; que prefiero tener pocos amigos pero verdaderos y no 50 y que eso signifique algo malo socialmente; no sentirme estúpida por preferir "hacer el amor" y no cojer; no sentir que tarado es el que paga y vivos son los que viven de planes, coimas, acomodo y amiguismo.

Soy Alguien, que le parece muy rídiculas la charlas pseudo intelectuales en las que se citan a autores y sus definiciones para alardear el "nivel de cultura" y no se saba poner en práctica ni una décima parte de esa teoría memorizada. Soy, y eso no se define solamente por los billetes rotos de mi billetera, ni por las 2 carreras sin terminar, ni por el trabajo que hago, sino por todo lo que me equivoque y las que cosas que elegí para ser lo que soy ahora: Una simple mortal viviendo.

martes, 22 de noviembre de 2011

Zombie social


No sé si le pasará a todo el mundo, yo creo que sí. Pero a veces creer que lo que le pasa a uno le pasa a todos, es un poco una forma de pensar que uno es parte de "algo" y en el fondo no sentir ese vacío de saber que uno es Uno separado del resto, aunque comparta ciertas cosas o lazos afectivos.

Hay momentos en los que predomina una "latencia" en la vida, una suerte de piloto automático, un stand by indeterminado, a la espera de que algo suceda, un cambio, un cimbronazo... algo que te despierte. La pregunta clave es cuándo y de qué forma. Pero no hay respuesta.

Ojalá existiera como en los cuentos esa fuente mágica, o esa bruja sabia que lee el futuro. Pero básicamente eso es fantasía y parece que si algo tiene que suceder lo tiene que hacer uno. Entonces el quid de la cuestión es hacerse cargo y salir del piloto automático o ser un zombie social.

Si fuese fácil...bueno, el mundo sería de otro modo. Porque ser zombie siempre es más cómodo, uno va dejando el cerebro y el alma en cuestiones vacías, en trabajos absurdos, relaciones huecas, en consumismo idiota de tv, redes sociales, ropa, celulares, alcohol, drogas y etc, etc (cada uno debe tener una lista larga). En cambio, cuando uno se las tiene que arreglar con su propio Yo, sin que medie ninguna cosa se complica más; porque siempre es imperfecto, ni tan listo, ni tan inteligente, ni atractivo como se creyó.

Calculo que más o menos unas tres veces por día, muchas personas se deben cuestionar ser zombie o al menos preguntarse si hay otra cosa. Yo me lo pregunte hace rato, cuando me dí cuenta de que nada de lo que hacia realmente me importaba. Pero parece que es un interrogante constante: ¿Para dónde voy?

La respuesta la sigo elaborando y existen días como los de hoy, en los que realmente no tengo la menor idea. Y no tener una respuesta concreta me hace sentir parte del zombie social, inerte, congelado por miedos a los que no quiere afrontar, miedo a lo que no se conoce, a lo incierto. A lo mejor soy de la peor clase de zombie, el que tiene conciencia de serlo pero no se anima a ser otra cosa.

domingo, 30 de enero de 2011

Las trastadas de la palabra.

En eso que la lluvia amagaba y las hojas de los árboles se movían como locas por un viento que no terminaba de aparecer y entrar por la ventana. El calor no amainaba y la noche de enero se hacia cada vez más pesada, y difícil de conciliar el sueño, me decidí a escribir.

Hace rato que muchos temas rondan por mi cabeza, y a veces, los escribo mentalmente con puntos y comas; pero después pierdo el interés y suelen quedar, en la mejor de las suertes en algún papel por ahí o perdidos en la nada.

Me quedo dando vueltas una nota que leí en un diario el domingo, no era nada del otro mundo e inclusive el tema se me hizo demasiado conocido. Sin embargo el modo de cómo las palabras una y otra vez dan vueltas las cosas y algo que no es de importancia termina teniendo algún tipo de notoriedad siguió dando vueltas todo el día en mi cabeza. Nada nuevo cierto, pero es algo que aún me sigue sorprendiendo y en cierto sentido cada vez me resulta más interesante ese "poder" que detenta la palabra.

La nota en sí era bastante absurda para ser sincera, trataba de la supuesta "nueva" vertiente de jóvenes profesionales que eligen mudarse al campo. Confieso que en un primer momento creí poder encontrarme con algún que otro caso interesante, al menos pintoresco. Nada, siquiera cercano sino algo demasiado obvio y estúpido. Resulta ser que los jóvenes profesionales de los que hablaba la nota tenían todos estudios relacionados con el campo, en su gran mayoría (bien diría todos, al menos un casi todos, bastante abarcativo) ingenieros agrónomos. Por lo que mi automática pregunta fue ¿y qué es lo extraño?¿Acaso alguien que estudia agronomía no lo hace para trabajar en el campo?.

Entonces pensé, ¿me están tomando el pelo? Porque es cómo si la nota fuera de zapateros y lo extraordinario fuese que hacen zapatos, o que un peluquero corte el pelo...En tal caso lo extraño debería consistir en que profesiones que están relacionadas con el campo no se ejerzan en el campo.

No me tomo mucho tiempo después el darme cuenta, que más que nota era una especie de "manifiesto encubierto" o un panfleto político sobre las bondades del sistema económico que rige en nuestro basto país en el que hay plantaciones de soja hasta en la tierra de mis zapatillas. Y si, también de las bondades de las exportaciones y claro está de las super máquinas y tractores importados; que dicho esta de paso le quitan trabajo a muchos...pero a eso el "progreso" mejor no lo mira.

¡Qué bueno qué el campo crece! Así seguimos siendo el "granero del mundo" mientras los países que realmente crecen son los que tienen industria propia, gente capacitada, avances tecnológicos y una distribución un tanto más equitativa en la economía entre otras cosas, claro esta.

Pero ahí vamos, un país que dice apuntar al campo como motor y una realidad que dice mucho sobre excesos en los suelos, uso indebido de herbicidas, pesticidas y otras "yerbas", con gente trabajando casi como esclavos y miles de productores explotados por grandes grupos económicos hiperconcentrados...y si, no hay duda que para "Alguien" esto sirve y mucho, pero al menos que la mentira no sea tan burda porque lo del derrame de la copa ya no me lo creo más.

viernes, 30 de julio de 2010

Palabras más palabras

Escribo bien o mal. Eso en este momento no importa, no pretendo ser un Nóbel de literatura (si es que eso para alguien significa algo).
Las letras son canales por donde fluye toda mi energía, a veces cargada de alegría y en otras tantas de tristezas, broncas o melancolías.
Si alguien las lee, creo que es más una cuestión de azar que un propósito. De alguna manera extraña sé que suena contradictorio, porque de no querer que se conozcan no deberían estar aquí. Sin embargo esta barrera rota entre lo privado que se hace público lo siento como un efecto de catarsis.
Alguien puede pensar que un diario íntimo es un perfecto antecedente; pero yo no estaría de acuerdo, justamente porque su nombre lo indica: es algo que pertenece a la esfera de la intimidad y esto pertenece a quien se le antoje las ganas prestarle atención.
Ensayos de mi realidad, de creencias, desencantos y aspiraciones.
Cada palabra se queda con un pedacito de mi alma, me roba las lágrimas más tristes, se lleva mis verdades más crueles, los sueños rotos, las broncas guardadas. Son mi diván más económico, mis garúes celestiales que me sacan de los posos más profundos, me permiten cruzar miedos añejos y volar por lugares desconocidos.
Sé que después de escribir me encuentro un poco más con quien soy y no importa lo que fui ni lo que voy a ser.

Objetos

Sé que algún día, quiera o no, voy a tener que madurar…si, en algún momento tendré que dejar de ser la nena egoísta que sigo siendo.
Es difícil, al menos para mí desprenderme de algo que fue mío…por poco o mucho tiempo. Realmente es algo que va más allá de la necesidad real, siquiera tiene que ver con el apego; me parece que esta relacionado con algo muy del ego, con eso que los chicos dicen: Lo mío es mío y no te lo presto.
Aquí estoy, con la misma sensación que tuve al ver que aquellas muñecas viejas con las que ya no me entretenía (pero eran mías) le divertían a otra persona. Y nada tenía que ver con la otra en sí, es más puedo asegurar que le tenia cariño y realmente la pobre Barbie y sus novios habían dejado de llamarme la atención.
Pero realmente no encuentro sensación más cercana que esa…algo que se retuerce en mi interior, mezcla de angustia y de bronca. Emoción extraña, cargada de energía negativa que sé que no esta bien…pero es.
Si de algo estoy segura es que nada tiene que ver con el amor. Porque el amor tiene que ver con libertad, con ser uno en el otro y no con la posesión del otro como algo propio. Cuando eso pasa, el Otro se convierte en un Objeto.
El Otro-objeto, tiene una utilidad: me divierte, me hace sentir menos sola, me siento más importante etc. Es descartable, como lo son todas las cosas que tienen un uso especifico y al cumplirse se desechan.
Utilidad, renta, beneficio no parece que tengan mucho que ver con el amor, pero si con las relaciones. Porque parece que definitivamente el mercado rige hasta nuestras relaciones.
Quizás lo que molesta no es sólo que el objeto descartado lo disfrute otro…en el fondo duele descubrir que uno fue un Objeto para otro. Algo sustituible.
Nada más que un medio, un soporte útil en una símil transacción económica. En una suerte de comedia en la que el protagonista se cree vivo y termina siendo un completo idiota.
Uno puede engañar al mundo y así mismo, pero en el fondo siempre va a saber que no es verdad…Y si, siempre lo supe, aunque no quise admitirlo porque es más fácil creerse la fábula.
No quiero Objetos: payasos de circo que me diviertan por cinco minutos, malabaristas de palabras bonitas y promesas vacías. No quiero títeres ni muñecos tristes que pretendan de mí una salvación. No quiero ser funcional ni practica a los propósitos y deseos de nadie.
Quiero simplemente ser. Sin vacilaciones, sin cliches ni palabras bastardeadas de sentido que la gente repite por inercia. No quiero medirme en competencia en el mercado ni saber si valgo más o menos que otra, si tengo más centímetros o menos kilos... No quiero parecer divertida o inteligente… Solo yo misma, con lo que tengo de bueno y lo malo, con mis miedos y sueños.

jueves, 1 de abril de 2010

Cachito

La mirada profunda de sus ojos grises resaltaba de su rostro pintón y esa sonrisa pícara que aún conservaba de aquel joven mozo que supo ser; ese porteñito canchero y galán que era a pesar de pintar canas y guardar años en los bolsillos.
Nos conocimos hace años; yo no puedo recordar cuando lo vi por primera vez. El seguramente me conoció con cara arrugada y ojos saltones cuando todavía mojaba pañales. No sé si habrá sido amor a primera vista, pero si nos quisimos mucho.
El olor a cuero y pegamento de su taller endulzaron muchas tardes de juegos con retacitos de cortes; mientras entre charla de mate mamá y él parecían perderse por horas, como si el tiempo no pasará o no importará. Ahí estaban, unidos por algo más que la yerba mate, un lazo fuerte y más importante que el de la sangre: el corazón.
Mi primer recuerdo de Plaza de Mayo fue de su mano; la pirámide blanca y esa benditas palomas, los caminos de polvo de ladrillo y el olor a garrapiñada…ese que tanto me gusta sentir, aunque no me gusten mucho las garrapiñadas. Y los zapatitos de charol negros que me regalo aquella vez que lo acompañe a dejar un pedido y después almorzamos juntos pizza y el vaso de Coca Cola más grande que mi niñez recuerda (en esos tiempos en los que la gaseosa negra me gustaba y la tomábamos muy de vez en cuando y en ocasiones especiales…era un especie de elixir de la felicidad). Sus cuentos, y sus historias de fútbol y de su huracán querido…Esos relatos de alguno de sus viajes por América en su juventud…y los tangos que siempre sonaban desde la radio chiquita, al lado del banquito y del calentador a kerosene.
Nuestros momentos no fueron tantos como hubiese querido, será por eso que los guardo y cada tanto les sacudo el polvo trayéndolos a mi memoria para que el olvido no haga su trabajo. También vuelven los del último tiempo, tus pasos lentos desde la esquina apoyado en el bastón, tu mirada más triste que nunca y un adiós que nunca te pude decir.
Te llevo esa maldita enfermedad que pocos quieren nombrar y que se llama Cáncer. Nunca te descubrieron el porqué…a lo mejor fue tristeza. Por más de treinta años Ezeiza fue tu hogar aunque nunca te acostumbraste, tu corazón siempre fue porteño. La economía y la crisis te cerraron las puertas y siendo tu vida los zapatos tuviste que regalar tu arte por unos pesos miserables.
Te fuiste y aunque mi último recuerdo fue desde una cama de hospital, me regalaste una sonrisa como las que siempre me dabas; esas con las que prefiero quedarme, en tu taller con olor a cuero y pegamento mezclado con el de la madera de los moldes.
Cachito, sos y siempre vas a ser mi abuelo del alma. Sé que los tangos que me gustaría haber bailado y las charlas que tendría ganas de tener con vos sobre política, tus viajes y el mundo algún día, allá entre las nubes las haremos…aunque sólo seamos energía y flotemos libremente.