miércoles, 11 de noviembre de 2009

Loca plancha

Planchar es una de las tareas del hogar que más detesto. Es aburrido, monótono e insulso. Por lo general en casa evitamos la plancha; salvo que el canasto este por llegar a un nuevo record Guiness de altura u otras ocasiones en las que parece que plancho porque quiero.

No es que me contradiga de una oración a otra. Hay veces que esta tarea molesta me sirve para irme; no sé a que lugar pero desconectarme del mundo.

No pasa siempre, sólo en algunas ocasiones en las que no me encuentro por ninguna parte. El fastidio toma las riendas y no estoy bien ni con un libro ni en el jardín, ni siquiera una película me entretiene y puedo gastar los botones del control remoto buscando la nada sin saber que busco ni que quiero. Esos días parece que plancho como una loca.

Los movimientos autómatas me dispersan; ya no pienso en lo que me preocupa, en mis miedos o mis angustias. Solo es la plancha queriendo matar cada arruga y en ese proceso meticuloso, casi obsesivo parece sencillo aniquilar cada sinsabor como si fuese un pliego más de la ropa.

¿Qué tienen que ver las arrugas y mis enrosques? Nada, en absoluto; pero hay una suerte de satisfacción en esta tonta fantasía: el control total. El azar y el devenir es lo que nos condiciona. No sabemos que va a pasar mañana, ni siquiera en el próximo minuto...No tenemos idea de lo que pasa por la mente de los otros, porque eligen algo o porque no. No controlamos nada, ni nuestra vida ni lo que sentimos; vamos eligiendo según se nos presentan las cosas y optando por A, B o C creyendo que es lo mejor ¿Quién sabe?

Algún día voy a dejar de darle tantas vueltas a las cosas…algún día, voy a tirar la plancha y comprar una nueva con más funciones.

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