
Paz parece ser algo que se debe pedir; casi una cuestión de obligación moral o ética. Así, quien se precie de aspirar a ser mis mundo o una estrella de Hollywood “comprometida”,Pop Star, Rock Star deberán cantar o aprovechar cada micrófono disponible para exigir la paz del mundo.
Conciertos, festivales, discos, campañas, manifestaciones y cientos de otras cosas han proliferado en contra de la violencia y de los enfrentamientos bélicos. En sintonía, han florecido guerra tras guerra; siempre con pretextos muy nobles como la libertad, la paz, la justicia y claro está “contra el terrorismo”.
Dicen que la guerra es la que ha hecho evolucionar al hombre. Gracias a ella poseemos medicinas que se desarrollaron para los heridos (también la dependencia a las drogas), las comunicaciones y la sociedad de consumo tal cual la concebimos hoy en día, que tomo su gran impulso después de la segunda guerra mundial. Claro que evolucionamos: ahora nos matamos más rápido. No hace falta estar cara a cara, un misil o una bomba desde un avión matan a miles (o millones) en segundos. Y vamos por más: armas biológicas, manipulación de ADN y otras tantas cosas lindas; sin olvidar claro está las armas atómicas.
Debemos estar orgullosos porque pronto llegaremos a la deseada paz del mundo…aquel día en el que nos hayamos autoaniquilado del planeta.
Hace algunos años, el hermano de una amiga de aquel entonces, regresaba muy feliz de su estadía en Grecia como parte de los Cascos blancos del ejército. Él se sentía presuntuoso, había ido a defender la paz y prestar ayuda…De paso, tirar un par de tiros (a lo mejor matar a alguien…no lo sé) Pero estaba todo justificado, porque era del bando de los “buenos” (por lo que ameritaba la violencia). Desde aquel momento comprendí por primera vez el absurdo de la paz mundial.
La paz tal cual la utilizan los mercaderes de almas que están detrás de los gobiernos poderosos y los discursos baratos con los que pretenden ir en busca de ella, es una mentira. Las guerras se dicen hacer por causas ilustres. Las rotulan a favor de la paz, libertad, justicia, el mundo libre o en contra del narcotráfico o del terrorismo…con eso pretenden justificar luego el horror, los abusos, el dolor y la muerte. No hay que engañarse, bajo las sombras el dios que manda tirar cada bala es el dios dinero.
Las guerras se arman porque son un negocio. Los verdaderos motivos están en el control de algún territorio estratégico, la posesión de recursos naturales o el dominio de un mercado. Generan un dispositivo alrededor que mueve millones, tanto en las industrias siderúrgicas, investigaciones científicas, telecomunicaciones, vehículos, ropa, alimentos, medicina y por supuesto la industria del armamento y el mantenimiento de milicias (peor o mejor entrenadas, son miles de sueldos pagados por los ciudadanos).
El mundo realmente no busca la paz. De otro modo no podríamos comprender como las potencias invierten cada día más en mantener sus ejércitos. Pensemos sencillamente en los “hermanos del norte”; andan por ahí luchando por el bien de la humanidad en cuanto conflicto ajeno (aparentemente) aparece…sino lo inventan. No es de locos, es racional. Que me dicen de nuestros países latinoamericanos que a pesar de tristes historias en común, la tendencia es armarse hasta los dientes y eso parece ser bien visto (a lo mejor eso coincide con el proyecto de unir la patria grande y yo no lo entiendo).
¿Si no hay guerra para qué sirven los soldados y las armas? ¿A qué se dedicarían los del departamento de defensa, los científicos y los periodistas de guerras? Imagínense ustedes toda la gente que se sumaría al desempleo mundial…
La violencia está instalada. Desde chicos se reciben armas de juguete, se juega a la guerra. De más grandecitos (ya no queda bien jugar con pistolas de agua) los muchachos juegan a la PlayStation o al Paintball (sobre todo los más cool y cancheros) y si no una buena película de acción…si, sobre todo una que muestre muchas explosiones, sangre y cámaras rápidas. Las mentes son bombardeadas por los medios prácticamente desde que nacemos y aún sin formar parte de ningún regimiento avalamos la guerra y la muerte por inercia, sumergidos en la espiral del mundo consumista (diarios, noticieros, cine, series, videos juegos, juguetes, lo único que nos venden es violencia más violencia…parece que es lo único que amerita ser mostrado).
Estamos frente a un inconveniente, porque aún aboliendo los ejércitos parece que es necesario un organismo de control interno para contener a ladrones, asesinos y toda esa ralea. Acaso entonces, debamos asumir que esta en nuestra naturaleza, la inclinación a la auto destrucción y la lucha.
Ante esta visión tan pesimista, se me ocurrió que este aparente callejón sin salida no es más que una defensa del sistema para perpetuarse tal cual es sin modificaciones. Pienso entonces, que la conquista comienza desde lo pequeño, al naturalizar la violencia en el día a día. Creo que no en una…quizás hagan falta 3 o más generaciones para ver los frutos del cambio…pero vale la pena hacer el intento y dar un vuelco en la historia. Dejar de consumir la violencia que nos venden, criar a nuestros futuros hijos sin pistolas ni tanques de guerra como parte del juego. No esperemos lo macro, lo que hay que cambiar son los cimientos que sostienen a los señores de la guerra…eso se construye de a poco y se necesita de la voluntad de todos…Quizás suena a utopía, pero me gusta soñar que millones podemos ser más que esos cientos que son los únicos que se benefician con la sangre de los que mueren en batalla.
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