De la milanesa con puré, siempre preferí el puré. La carne nunca fue de mi agrado. La como a regañadientes una vez a la semana y si es posible la evito.
Vegetariana acérrima no podría ser…a lo mejor una ovo lacto vegetariana puede ser. Me encantan las verduras y los quesos me fascinan; pero estaría dando la espalda a los fiambres, que a aunque no como seguido, una buena picadita en un lindo lugar es un delito que quiero seguir cometiendo. Así que mejor no me encasillo.
Con la milanesa todo empieza mal. Comenzando por la carnicería, que para mí es uno de los lugares más desagradables del mundo. Ese olor a carne muerta dispuesta “coquetamente” sobre el mostrador; los pedazos del difunto bicho diseccionados según antojos del cliente:
Carnicero: ¿La milanesa la va a querer finita o ancha?
Cliente: Finita, finita…ah y también unos bifecitos…esos de ahí, se ven lindos.
¿Qué ven lindo? Para mí a simple vista todo se ve igual de rojo y desagradable; aunque reconozco que a lo mejor algún secreto hay, porque a veces encima de ser carne, puede que sea dura. De todos modos no me interesa conocer ese secreto del “buen carnívoro”.
Realizado el paso uno, la compra, continúa la preparación. Es muy molesto hacer milanesas en mi casa, sobre todo cuando se llega de hacer las compras quince minutos antes de la una. Todos parecen famélicos a pesar de que no pasaron muchas horas del desayuno.
Como siempre, empecé quitando toda grasita posible, porque si algo odio más que la milanesa en sí, es morder una grasa o nervio (me revuelve el estómago). Si pudiese prepararla a mi entera gana le pondría todas las especias que me gustan, (para que tenga sabor a otra cosa). Pero eso no pasa, esta vez ni siquiera pude ponerle albaca, pero eso fue más por el disparatado precio que tenía (ese verdulero nunca me cayó bien). Así que la sazón se limitó a un poco de pimienta y perejil mezclados con el huevo y la leche; el resto de las cosas o caen mal al resto o no les gusta….Después vino la parte del empanado; Esta vez hubiese ido bien, si mamá no hubiera comprado tan poco pan rayado; así que las últimas fueron marineras, que es peor que ser milanesa. La cocción siempre es al horno o a la plancha. (Detesto lo frito excepto las papas fritas).
Seguramente yo ya estaba tensa; pero el revoloteo de mis hermanos desesperados por comer (pesados como moscas) y las continuas preguntas ¿ya comemos? ¿Falta mucho, cuánto falta? Más, chistes tontos como “para el mate están ¿no?” terminaron por alterarme.
En una hora las tenía todas listas, a pesar de que parece que se reproducen y uno no termina más de empanar. Renegué como siempre con el horno y su lentitud (porque la comida tiene que hacerse rápido pero nadie arregla el horno).Al final de todo, les gustaron las malditas milanesas…igual a mí siguen sin gustarme, prefiero las de berenjena o soja.
Milanesas!!!! detonante de todo conflicto familiar! uno solo el que la prepara y 20 que las comen!! pero lo que nunca la milanesa sabra, es todo lo que puede llegar a producirnos interiormente mientras la preparamos... lo genial de hacerlas, es cuando las machacas con un martillito de madera o el mango del cuchillo!! canalizas la ira golpeandolas, te acordad de tu ex, de tu jefe, del sistema de mierda en el que vivimos.... luego cuando las cocinas junto con la coccion de la carne se van algunas horas de tu vida, para que cuando la comas, no solo digieras el alimento para tu cuerpo, sino tu misma amargura por la realidad que nos toca, y tu tiempo, que al fin y al cabo, el otro comensal no hecha de ver y la debora como si fuera la ultima cena....
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